"Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época". Jacques Lacan. Escritos 1. "De hecho la subjetividad es plural y polifónica… No conoce ninguna instancia dominante de determinación que gobierne a las demás instancias como respuesta a una causalidad unívoca" Félix Guattari. Caosmosis.
mayo 14, 2013
febrero 21, 2013
UN DUELO QUE QUEDA EXCLUIDO, UNA MUERTE QUE NO PUEDE SER DECLARADA
Flavio
Meléndez Zermeño[1]
Una
muerte humana es siempre un hecho social, nunca puede ser reducida a la terminación
de la vida como mero fenómeno biológico. La muerte de un humano siempre toca a
otros: los que siguen viviendo y que tenían alguna relación con quien murió. Los
toca en su cuerpo, en su relación con la vida y la muerte y en sus relaciones
entre ellos. Dado que esa muerte tiene necesariamente implicaciones para el
grupo social, afecta la relación entre sus miembros, no solo los deudos sino
los que tenían algún otro tipo de relación con quien murió. Los lazos de amor y
de deseo que tejen la vida, así como lo poco que la posmodernidad ha dejado sobrevivir
de lazos comunitarios, son irremediablemente lastimados con una muerte.
Es
por eso que la muerte de un miembro de la especie humana es declarada. Esta
declaración es un acto de lenguaje que tiene un carácter público, está dirigida
a los diversos públicos, grandes o pequeños, de los que formaba parte esa vida
que se perdió; esa es la función de la esquela y el obituario. En nuestras
culturas "occidentales" uno de los momentos de la declaración de una
muerte es el certificado médico de defunción, el cual está ligado al estatuto
que la tecno-ciencia tiene en las sociedades modernas y posmodernas. Aquí la
práctica médica se anuda con un procedimiento jurídico, dado que el derecho
regula cada vez más aspectos de la vida cotidiana y la subjetividad
posmodernas.
Es
decir, la muerte de un humano es de alguna manera sancionada en el lenguaje, sanción
que tiene una fuerza performativa. La declaración de muerte tiene entonces una
dimensión de acto, de acta y de hecho jurídico que tiene consecuencias en la
transmisión hereditaria, en la regulación jurídica de los bienes y en los lazos
entre las generaciones. Este acto de lenguaje cuestiona la separación
tradicional entre cuerpo y lenguaje, heredera del dualismo cartesiano, y es una
de las formas de escribir en el real algo del agujero que deja la muerte de un
humano.
Los
ritos funerarios -sea cual sea la forma que toman en cada cultura- solo son
posibles si los precede una declaración de muerte, la que a su vez solo es posible
en presencia de un cadáver que permite constatar que la vida que habitaba ese
cuerpo llegó a su fin. La declaración de una muerte es entonces social, tiene
lugar en el colectivo que la hace posible y la recibe junto con sus
consecuencias, y lo mismo puede decirse del duelo. Por lo mismo, tanto la
declaración de muerte como el duelo tienen un carácter público.
Las
implicaciones que tiene una declaración de muerte se vuelven particularmente sensibles
en los casos de desaparición forzada. En la Declaración
sobre la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas,
aprobada en la Asamblea General de la ONU el 18 de diciembre de 1992, se define
a las desapariciones forzadas de la siguiente manera: “que se arreste, detenga
o traslade contra su voluntad a las personas, o que éstas resulten privadas de
su libertad de alguna otra forma por agentes gubernamentales de cualquier
sector o nivel, por grupos organizados o por particulares que actúan en nombre
del gobierno o con su apoyo directo o indirecto, su autorización o su
asentimiento, y que luego se niegan a revelar la suerte o el paradero de esas
personas o a reconocer que están privadas de la libertad, sustrayéndolas así a
la protección de la ley”[2]. Esta
definición pretende establecer un deslinde con el delito de secuestro, pero se
puede decir que en México no hay diferencia entre desaparición forzada y
secuestro, por lo menos en la gran mayoría de los casos, dada la penetración
del crimen organizado en los cuerpos de seguridad del Estado y la corrupción, ineficiencia
e impunidad que priva en la procuración y la impartición de justicia; situación
que se ve agravada porque en la mayoría de las entidades federativas no está
tipificada como delito la desaparición forzada. Tanto en los casos de
desaparición forzada como en los de secuestro siempre, o casi siempre, hay una
participación directa o indirecta de agentes e instancias de gobierno. En
nuestro país la guerra en contra del crimen organizado ha dejado alrededor de
veinticinco mil desaparecid@s.
De
alguien que está en condición de desaparecid@ no es posible asegurar que sigue
con vida pero tampoco que ha muerto. Es lo que ocurre en cada caso de
desaparición forzada, en donde los familiares y seres queridos enfrentan esta
disyuntiva atroz: no pueden ni quieren perder la esperanza de que quien está
desaparecid@ siga con vida… pero saben que a medida que pasa el tiempo esta
posibilidad es cada vez más reducida. ¿Cómo continuar viviendo la vida cuando
no es posible saber si ese ser querido está viv@ o muert@?, ¿cómo perder la
esperanza si a veces es el único apoyo que queda para sostenerse en la vida? En
estas circunstancias una declaración de muerte es subjetiva y jurídicamente
imposible de realizar.
Dar
por muerto a un ser querido que está desaparecid@ es tanto como abandonarlo en
donde quiera que se encuentre, pues por remota que sea la posibilidad de que se
encuentre con vida, abandonar su búsqueda es abandonar en la más oscura
incertidumbre entre la vida y la muerte a una hija, un hijo, una esposa, un
esposo, una hermana, un padre... A partir de este momento quien busca a un ser
querido que ha desaparecido queda irremediablemente en la posición de una
espera sin fin, una espera des-esperanzada a la que por momentos solo la muerte
parece poner fin: la muerte de quien busca o la de quien es buscad@. Mientras
tanto quien busca y espera vive habitad@ por un fantasma: alguien que no ha
dejado de existir pues existe en una franja de espacio-tiempo en donde la vida
y la muerte permanecen indefinidas, un vivo-muerto. La relación con este
fantasma es tal que el amor y el deseo quedan suspendidos en el hilo del que
pende la vida de él –“…mi corazón llora cada segundo, en cada latido se me va
el alma, se me va la vida y seguiré sufriendo tu ausencia
mientras Dios lo permita…tienes mi vida en tus manos”[3], escribe
una madre en carta dirigida a su hijo desaparecido desde junio de 2007.
El
testimonio de Nepomuceno Moreno nos muestra la imposibilidad de abandonar la
búsqueda de un hijo desaparecido, aun cuando abundan los indicios de que ha
sido asesinado, y el fin trágico que esta búsqueda tiene en algunas ocasiones:
"El
gobierno me lo secuestró...me han dicho que ya no existe, que lo tienen por ahí
enterrado...me dieron el pésame a los tres días, todo se sabe, menos la
policía, todo mundo sabe (…) No tengo esperanzas yo de encontrarlo vivo, yo soy
muy franco en esto...pronto va a haber un resultado de algo, no le hace que uno
se quede en el camino, hay que ir adelante, no puedo dejar abandonado a mi
hijo, hay que seguir pa' delante, vale más morirnos en la raya..."[4].
Jorge
Mario Moreno León, hijo de Don Nepo
–como cariñosamente lo llamaban los integrantes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad-, fue secuestrado por
un grupo de policías el 1° de julio del 2010 entre Obregón y Guaymas, Sonora. Don
Nepo fue asesinado en noviembre de 2011, seguramente por los mismos policías
que desaparecieron a su hijo, sin haber encontrado a éste, ni vivo ni muerto. Como
lo anticipaban sus palabras, Don Nepo murió en la raya, buscando a su hijo. Su
testimonio muestra de manera trágica que en estas circunstancias se pierde el
miedo porque ya no hay nada que perder y que es peor la incertidumbre que el
miedo.
La
espera indefinida de un desaparecid@ es tal que quien lo busca imagina que en
cualquier momento y en cualquier lugar va a aparecer de nuevo, como lo
testimonia la carta que su hermana le escribe a Jesús Omar Salaya, secuestrado el
23 de mayo de 2010 en Villa de Santiago, Nuevo León, por un grupo de hombres con
uniforme militar que se identificaron como miembros de la Secretaría de la
Defensa Nacional:
“Mi mamá y yo no hemos dejado de buscarte, hemos andado
con una lona impresa con tu foto buscándote a donde quiera que vamos, cada que
veo un carro con muchos hombres, muchachos, yo volteo a verlos esperando que
seas uno de ellos (…) Kamila tiene 2 años 8 meses… ella sólo te conoce en foto…
y cuando llegamos a la casa y se acuerda de ti me dice: ya llegó tío Omar, y yo
le digo: no flaquita pero ya merito”[5].
Quien
está desaparecid@ y permanece en condición de fantasma se ha llevado consigo
algo que a veces es difícil de definir pero que siempre es un objeto valioso
que se ha perdido junto con él-ella y que entonces aparece como perteneciendo
tanto a quien desapareció como a quien busca y espera: “… al
haberte arrancado de mi vida, me han dejado solo la mitad de mi corazón, ¿cómo
alguien puede lograr vivir así, con la mitad de un corazón?”[6],
le dice en una carta Letty Hidalgo a su hijo Roy Rivera, secuestrado y desaparecido
por un grupo de hombres con chalecos de la policía de Apodaca en San Nicolás de
los Garza, Nuevo León, el 11 de enero de 2011.
Ese
objeto precioso, que ha desaparecido junto con quien ahora queda en condición
de fantasma, es una pérdida suplementaria que ni puede recuperarse ni puede
darse por perdida mientras no se defina la vida o la muerte de quien está
desaparecid@. Otro tanto ocurre con esa vida, que no puede darse por segura y
tampoco por concluida, mucho menos podrá darse por una vida realizada, de tal
manera que sea posible despedirse de quien la vivió, pues ¿cómo puede alguien hacer
lo necesario para que esa vida se realice cuando no hay un cuerpo que permita
constatar que tal vida llegó a su fin? En estas circunstancias, en las que la
incertidumbre y la esperanza alternan sin posibilidad inmediata de resolución, ¿es
posible hablar de estar de duelo por
alguien que no se puede asegurar que ha muerto?, porque sin
cadáver que sepultar y sin ritos funerarios que rendirle no hay certeza de la
muerte: la certeza para el humano no proviene de los sentidos, que
proporcionarían la base de una supuesta “prueba de realidad”, la certeza es
algo que se desprende de un acto. ¿Cómo realizar el acto de un duelo llevándolo
a su conclusión cuando no existen las condiciones que hacen posible siquiera el
inicio de ese duelo?
La
consigna que exige la presentación con vida de los desaparecidos -"¡Vivos
los llevaron, vivos los queremos!"-, dice esta imposibilidad de dar por
muert@ a alguien desaparecid@, este estado permanente de esperanza
des-esperanzada provocado por una pérdida que parece no tener fin. Esta
experiencia comparte rasgos con el duelo en circunstancias donde sin embargo
éste queda excluido. ¿Cuánto tiempo es necesario para dar por muert@ a quien
desapareció?, ¿qué condiciones hacen que este paso sea posible o tan siquiera
deseable?, ¿existen otras formas de consumar esa pérdida en ausencia de un
cuerpo, de tal manera que esa vida que desapareció pueda ser realizada de algún
modo? Por ahora no contamos con respuestas a estas interrogantes, solo la
experiencia colectiva de los movimientos sociales de familiares que buscan a
sus seres queridos que han desaparecido irá dando respuestas posibles, las
cuales tendrán que partir de las singularidades de cada experiencia de pérdida.
flaviomelendez@gmail.com
[1] Psicoanalista, miembro de la
École Lacanienne de Psychanalyse/Escuela Lacaniana de Psicoanálisis.
[6] http://nuestraaparenterendicion.com/index.php?option=com_k2&view=item&id=1328:ay%C3%BAdanos-a-localizar-a-roy-rivera-hidalgo&Itemid=145
Publicado
en el blog Psicoanálisis: La vida subjetiva en tiempos de guerra, de Nuestra
Aparente Rendición:
http://nuestraaparenterendicion.com/index.php?option=com_k2&view=item&id=1641%3Aun-duelo-que-queda-excluido-una-muerte-que-no-puede-ser-declarada&Itemid=132
febrero 20, 2013
PRIMEROS VIRAJES DE JACQUES LACAN EN EL PSICOANÁLISIS
Taller de
lecturas a cargo de Flavio Meléndez
miembro de la École Lacanienne de psychanalyse/
Escuela
Lacaniana de Psicoanálisis
La
intervención de Jacques Lacan en el psicoanálisis estuvo marcada desde el
principio por la problematización de nociones y conceptos que después de Freud se
habían convertido en fórmulas estereotipadas y en una práctica ritual del
psicoanálisis. Entonces tal intervención puede ser tomada como una serie de
virajes que permiten el desplazamiento de no pocas cuestiones, la aparición de interrogantes
que hasta entonces no estaban planteadas y de soluciones inéditas, dando lugar
a nuevas formas de concebir y practicar el psicoanálisis. Algunos de esos
primeros virajes se localizan en cuestiones como:
-La
consistencia imaginaria del yo.
-La
división del sujeto.
-El
deseo y sus modalidades.
-La
inexistencia de la psicogénesis.
-El
lenguaje como condición del inconsciente.
-La
transferencia como núcleo de la experiencia del análisis.
Este
taller de lecturas tiene como materia textual las diversas versiones escritas de
los seminarios de Lacan correspondientes a los primeros años de su enseñanza pública
-de los cuales hay varias versiones disponibles tanto en español como en
francés-, los escritos respectivos a estos años, las obras de Freud que son
citadas y trabajadas en los seminarios de esta época -tales como los llamados
"escritos técnicos" y los "textos canónicos"-, así como los
textos de otros psicoanalistas que han abierto brecha en este terreno reinventando
el psicoanálisis.
enero 11, 2013
Ojo por...
Juan Uriel Sandoval Díaz perdió un ojo
en las protestas en contra de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto el
pasado primero de diciembre en la ciudad de México. Un proyectil, al parecer
una bala de goma disparada por la Policía Federal, lo hirió en el ojo derecho,
provocándole además fracturas en pómulo y nariz. Las palabras del joven estudiante
al salir del hospital en que fue atendido son algo más que una lección de
dignidad.
Al margen de cualquier apetito de venganza,
de la represalia que hace del "ojo por ojo, diente por diente" su
máxima, Juan Uriel dice, dirigiéndose a la prensa y a sus amigos y compañeros
que lo esperaban a su salida del Hospital General, algo que es muy poco común escuchar
en quien ha vivido una experiencia como la suya: "Un ojo no es nada. Miles
de seres humanos no tienen que comer todos los días, los obreros tienen que ir
a las fábricas agachando la cabeza para darle de comer a sus hijos, los
campesinos pierden sus tierras y nadie hace nada... Hay muchas injusticias en
el país que también están sucediendo y que no las podemos olvidar"(http://www.youtube.com/watch?v=PQfjvx0Gq6w).
Eso que le quitaron él lo transforma en condición de "nada", el mercado
no puede resarcir eso como "daño económico", comparado con aquello
que otros pierden, con aquello de lo que carecen, con la injusticia que padecen
y que Juan Uriel convoca a no olvidar. Él añade una "cosa insignificante",
sin precio en el mercado: dignidad. En una época en la que frecuentemente se
oye decir que "nada es gratis", en la que el capitalismo ha
convertido casi todo en mercancía,
Juan Uriel le da cuerpo a lo que resta en ese casi al desprenderse gratuitamente, no solicitó una reparación
económica, de una parte de su cuerpo. Si querían una parte de él se las regaló,
no implora, no se coloca como víctima.
La gratuidad de su gesto va acompañada de
una visión singular: "Esto no terminará hasta que la miseria termine.
Reivindico todas las formas de lucha y pido justicia para todos los presos,
porque la libre manifestación es un derecho que no nos dejaremos arrebatar.
Hace falta más organización entre los desposeídos para buscar los ideales de
solidaridad e igualdad" (La Jornada, viernes 7 de diciembre de 2012). Él queda
desposeído de una parte de su cuerpo, que cede a cambio de sostener una lucha
política que ponga fin a la miseria de los desposeídos. Un ojo deja en alto su
mirada, esa dignidad que hace relación con los otros.
Cuando muchas voces en nuestro país -no
solo dentro del duopolio televisivo- se apresuran a nombrar como
"vandalismo" algunas manifestaciones de violencia que cuando ocurren en
otros países -Grecia, España, Francia, etc.- son nombradas como
"protestas" o cuando mucho "disturbios", Juan Uriel
reivindica todas las formas de lucha al no olvidar la violencia que entraña la
desposesión en la que viven millones en nuestro país. Una visión que prescinde
del discurso políticamente correcto, el de una democracia que tiene su coartada
perfecta cuando encierra la participación política de los miembros de una
sociedad en las paredes de la urna electoral.
El acto de Juan Uriel nos muestra que en
el terreno del deseo hay que perder algo para ganar -todo lo contrario a lo que
propone el sistema de creencias que le da forma al capitalismo-, que solo
cediendo un objeto sin restitución es posible que se sostenga un deseo que
tenga consecuencias. Como todo deseo éste también hace posible una forma de
lazo social, en este caso uno en el que quedan incluidos aquellos que han sido
excluidos: los presos políticos y los desposeídos de los beneficios de ese
sistema de exclusión que se llama capitalismo. "¡No estás solo, no estás
solo!", le gritan sus amigos y compañeros a Juan Uriel, quien se autoriza
junto con algunos otros a sostener la dignidad.
Publicado originalmente en La Jornada Jalisco el
viernes 21 de diciembre de 2012:
http://www.lajornadajalisco.com.mx/2012/12/21/ojo-por/
¿Perder los zapatos?¡Perder zapatos!:descalzos
Por Alberto Sladogna[1]
Para salir del pozo hay que dejar de cavar
Proverbio en chino
Paco Ignacio Taibo II dio a conocer un sueño (La
Jornada, 4 de diciembre: "Las señales del futuro invierno"). Paco
escribió:
"En la noche sueño con que he perdido mis
zapatos negros. Alguien me los quitó y tengo que caminar descalzo por las
calles. Es un sueño absurdo, obsesivo. Supongo que tendrá que ver con las fotos
de los zapatos abandonados después de la matanza de Tlatelolco o con aquella
manifestación del 26 de julio de 1968 cuando los granaderos nos cercaron en la
calle de Palma y durante un cuarto de hora estuvieron macaneando al grupo de
estudiantes que éramos. Se alejaban, volvían, se acercaban a las primeras filas,
toleteaban y se retiraban. No teníamos salida y el millar de nosotros se hacía
bolita pisándonos. Y entonces perdí un zapato ¿El sueño es una advertencia?
¿Retornan los oscuros tiempos? Tendremos que pararlos."
Acepto su invitación, el sueño me concierne y cierne junto a otros. Si, cada
sueño es un sueño compartido y con partida, no hay sueños individuales, los
sueños son del colectivo. La serie de parágrafos previos al sueño son su
introducción. Paco Ignacio asocia el sueño con los hechos y las personas que
como él participaron de los acontecimientos del 1/12/2012. El sueño es un tema
del colectivo que no es nada más que el sujeto de lo individual.
¿Cuál es el tema? El sueño lo indica: "En la
noche sueño con que he perdido mis zapatos negros. Alguien me los quitó y tengo
que caminar descalzo por la calles". Supongamos, sin conceder, que como
decía Freud el sueño "siempre" remitiría a un deseo infantil
reprimido. En efecto, en un momento de la vida comenzamos a caminar descalzos, fuimos puestos de pie, nos erguimos luego, de
pronto, alguien nos colocó zapatitos o tenis o huaraches. Sí, sabemos que
otra/os siguen descalzos, otra/s sólo siguen con huaraches o algo parecido, si
bien les va.
En la ciudad "caminar descalzo" implica
una experiencia inédita: la polis, la ciudad, es una jungla de cemento a la
cual nuestros pies no están acostumbrados, deberán dar pasos nuevos sin
zapatos, sin estar calzados. Paco Ignacio Taibo II asocia con Tlatelolco y con
el 26 de julio de 1968 donde fue cercado por granaderos quienes lo macanearon y
lo toletearon. Paco no asocia eso con ningún grupo de "provocadores"
o "infiltrados"-disque pagados de a $300.
El sueño que Paco comparte es claro: estamos
descalzos, nos sacaron los zapatos, no estamos ni calzados ni fajados ante lo nuevo.
Se trata de comenzar a caminar de manera inédita al margen del conjunto de los
políticos, sus partidos, sus movimientos verdes o morenos, esos zapatos los
perdimos, nos los sacaron, se cayeron. Se trata de un caminar advertido de que
el camino no es apto para los pies descalzos, ni para los antiguos zapatos, se
trata de seguir caminando sabiendo que enfrente está Goliat, para hacerle
frente ¿Cómo caminar descalzos? Es
simple: no hay que olvidar que se trata de Goliat y que ante él lo peor es
tener esperanzas pues ellas conducen al desierto donde se queman los inocentes
pies desnudos.
Publicado
originalmente en Blog de izquierda:
http://www.blogdeizquierda.com/2012/12/perder-los-zapatosperder.html
El proyecto: “Bordamos por la paz”, y los nudos de Jacques Lacan…
*por María Gutiérrez Zuñiga, psicoanalista, Guadalajara, México
Hace unas semanas […], llegó una niña delgada, de cabello largo y oscuro. Tenía unos 11 años. La niña se bajó de su bicicleta color rosa para leer los bordados. Se acercó y me dijo que ahí estaba el pañuelo dedicado a su papá. Me preguntó si le podía dar un pañuelo, porque ella quería escribirle algo. La niña se lo llevó. Aún no sabemos qué bordó. Yo creo que un domingo de estos regresará para enseñarnos lo que le escribió a su papá. El padre de esa niña fue una de las 26 personas asesinadas en noviembre de 2011, y cuyos cuerpos fueron abandonados en la Glorieta Arcos del Milenio, en Guadalajara, Jalisco. Testimonio de Teresa Sordo Vilchis[2]
La ruta del nudo, Lacan…
Jacques Lacan, en su Seminario oral de 1974-2975, Real, simbólico, imaginario, en la sesión del 17 de diciembre de 1975, hace cita a una singular recomendación de René Descartes, el autor de ese aforismo que marcó un hito en la cultura de Occidente: Pienso, luego existo. Se trataba de una de sus Reglas para la dirección del espíritu:
…como todos los espíritus no son igualmente llevados a descubrir espontáneamente las cosas por sus propias fuerzas, … no hay que ocuparse inmediatamente de las cosas más difíciles y arduas, sino que hay que profundizar ante todo las artes menos importantes y más simples, sobre todo aquéllas donde el orden reina más, como son las de los artesanos que hacen tela o tapices, o las de las mujeres que bordan o hacen encaje, así como todas las combinaciones de los números y todas las operaciones que se relacionan con la aritmética y otras cosas semejantes.
Lacan agrega enseguida:
No hay la menor sospecha de que al decir esto, Descartes haya tenido el sentimiento de que hay una relación entre la aritmética y el hecho de que las mujeres hacen encaje, incluso que los tapiceros hacen nudos. Jamás en todos los casos, él se ocupó menos que nadie en el mundo de los nudos. Fue preciso estar ya bastante avanzados en el siglo XX para que se esbozara algo que pueda llamarse teoría de los nudos.
Para ver el texto consulte consulte el siguiente link:
http://www.elsaborsaberdelpsicoanalisis.org/2012/11/23/bordamos-por-la-paz-los-nudos-de-jacques-lacan-texto-de-mar%C3%ADa-guti%C3%A9rrez-zu%C3%B1iga/
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